Proyectos

Durante los primeros meses del dos mil cuatro Sergio elaboró un proyecto de novela que no ha concluido. La historia, según confesión del autor rezagado, calcaría y caricaturizaría las personalidades de sus amigos y conocidos en Zacatecas, sobre todo de aquellos involucrados en el mundo de las letras locales. Para evitar que este propósito convirtiera el conjunto en una compilación de chismes, Sergio robó los rasgos de muchos personajes dilectos para crear uno propio, lo que sea que eso signifique. El resultado es un homenaje descarado, otro, a Salvador Elizondo: El Geómetra. Éste sería (queremos pensar que será) el eje de toda la narración. De cómo El Geómetra llegó a las provincias mexicanas y de cómo determinó las líneas de pensamiento en una de ellas (¿Zacatecas?) y de cómo esas líneas de pensamiento fracasaron miserablemente, convirtiéndose así en mitos contraculturales (es decir, de algún modo: triunfaron), tratan las notas y el esquema de esta posible novela. Algunas partes del conjunto se han leído públicamente, otras en privado, frente a las amistades más cercanas de Sergio. Una de estas partes, la siguiente, fue escuchada con atención por Luis Tovar, Manuel Ramos Montes, Barry y Sigifredo Esquivel Marín, entre otros, quienes aconsejaron desinteresadamente al autor en favor del texto. El resultado de esa charla se publicó el domingo dieciséis de mayo de dos mil cuatro, en el número cuatrocientos ochenta de Semanal, suplemento cultural de La Jornada.

2 thoughts on “Proyectos

  1. Vine, vi y leí y luego leí la advertencia, introducción o explicación (o todas las anteriores). En favor de lo que declaras explícitamente, sí, vi a Elizondo (ahora voy a tener pesadillas otra vez). Pero por alguna extraña razón el personaje me recordó tanto al Astrólogo (¿será sólo el nombre?). Saludos.

  2. Es posible que el Astrólogo y otros tantos estén por ahí. ¿Deliberadamente? Uno controla mucho menos de lo que cree esas cosas. Al final no es ni uno ni otro. Se mencionó lo de Elizondo porque la relación es explícita, si no ni eso se hubiera admitido. Por qué: no por negar homenajes o, como se dice, influencias (todo es intertexto), sino porque al evidenciarlas se pierde algo como divertido de la lectura.

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