De nostalgia y un buen amigo

En octubre de dos mil tres el Instituto Zacatecano de Cultura “Ramón López Velarde” publicó Doliente nuevo, poemario excepcional de Jesús María Navarro, con un prólogo de Sergio, amigo suyo, quien también hizo una presentación oral hasta ahora inédita; aquí se reproducen uno y otra. El prólogo pretendía contestar alguno más que apareció por las mismas fechas en Zacatecas. A ver si algún lector de i_repeat.blogspot señala cuál. Hay que decir que este texto de Sergio padece muchos defectos y que si aquí se presenta de nuevo es sólo por nostalgia y en homenaje al poeta amigo. Se trata de un ensayito que quiso ser en su tiempo también una especie de manifiesto; por desgracia está plagado de tópicos e ingenuidades sobre el arte, la crítica y la literatura. Escrito en prosa torpe, con una enfermiza obsesión por las listas, con pretensiones de viejo sabelotodo y una imperdonable contradicción: Sergio usa muchas palabras para expresar pocas ideas. Aunque las premisas del texto permanecen en la mente de nuestro anfitrión, ahora él comprende que todo pudo decirse parafraseando a Roland Barthes: la sujeción da sentido; la libertad absoluta, lo merma.

La presentación oral quiso replicar habladurías que descalificaban la forma tradicional del soneto (y por tanto el libro en cuestión), como si las formas canónicas estuvieran ya agotadas (lo que implicaría, temo, no sólo la futilidad de procurarlas en la escritura, sino también en la lectura). Hay que apuntar que Doliente nuevo es el primer libro de un poeta que hoy ronda los sesenta y cinco años, un poeta tardío. El libro se debe a un descubrimiento súbito y ya inesperado del amor. Así de sencillo es el tema, así de relevante. Esto no quiere decir que Navarro sea un poeta improvisado: años de lectura y crítica de la mejor poesía en lengua española, la de los siglos de oro (es un decir), más años de latinista y en general de erudito hacen de este poemario una pieza con vida propia. El poeta no tiene necesidad de probar nada, sólo se manifiesta. No se pide más. Orgulloso, Sergio recuerda que Navarro le dio a leer sus poemas como gesto de amistad. La publicación no había sido considerada por el autor, por lo que Sergio tuvo que arrancar casi los textos a Navarro. Pero lo importante, al final, no es la vanidad de nuestro anfitrión, sino el libro. Va un soneto de Navarro como muestra.


Oasis
No quiero posesión en propiedad,
no pretendo tálamo ni lecho
sino aliviar un corazón deshecho
y ponerlo después en libertad;
intercrecer nuestra capacidad
y sublimar la cavidad del pecho,
subir de lo pequeño, de lo estrecho
a su quinta potencia la amistad.
No quiero comprobar a dónde llego
tan sólo ser oasis donde puedas
beber y confortarte nada más.
La crónica dolencia de mi ego
se cura si te curas y te quedas
se cura si te curas y te vas.

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