Nota sobre dos cuentos de Borges: “El fin” y “Biografía de Tadeo Isidoro Cruz (1829-1874)”

Qué es una biografía sino el registro minucioso de las empresas y actividades más representativas de un individuo, continentes potenciales de su espíritu. Qué sino nombres propios, fechas, topónimos y notas sobre costumbres subestimadas como “se pasaba las horas con la guitarra” o “vivió en un mundo de barbarie monótona”. Y si es así, por qué Borges titula el quinto escrito de El Aleph (1949) como consta para agregar, dentro del texto: “Mi propósito no es repetir su historia. De los días y noches que la componen, sólo me interesa una noche”.[1] Es evidente que ninguna biografía convencional tiene por propósito la descripción de una noche, pero también lo es que Borges no pretende escribir una biografía, a pesar del título, sino un relato de ficción. Por qué llamarlo entonces biografía.

Ricardo Piglia afirma que todos los cuentos narran dos historias.[2] No me detendré a valorar el carácter totalitario de la afirmación ni su posible equívoco o acierto. En este momento, de la afirmación de Piglia me interesa sólo su juicio sobre Borges. Porque si todos los cuentos narran dos historias, la particularidad de cada cuentista, su estilo, reside en el equilibrio que entre ambas historias propicien; así, Poe privilegiaría la historia ordinaria, casi natural, para revelar en el último momento del texto lo insospechado y siniestro, lo trascendente del cuento. Kafka, por el contrario, se centraría en las situaciones inverosímiles, caricaturescas y extraordinarias para empatarlas al final con la inmediatez del lector y lograr su tan célebre efecto. Borges, por su parte, tomaría una convención netamente literaria para estructurar su escrito (como el relato fantástico, el policiaco, el gauchesco) y al final revelaría el trasfondo filosófico, místico o matemático del personaje ordinario. En otras palabras, Borges hallaría en lo convencional y gastado un nexo con lo trascendente, con lo divino, con lo infinito. Con lo literario. En cualquiera de los casos se trata de otorgar a lo ordinario un sentido particular: el soplo de la arcilla.

Por supuesto, lo anterior es una generalización y no corresponde exactamente a la totalidad de la obra borgeana. O, si corresponde, poco importa hasta que no se demuestre en cada caso. A continuación intentaré la demostración dicha en dos cuentos.

“El fin”, como sabemos, propone un nuevo desenlace para Martín Fierro de José Hernández. Ya que la obra de Hernández ha hecho tanta escuela y que existe una convención literaria llamada “literatura gauchesca” no es difícil suponer que el cuento de Borges se vale de tales convenciones, acaso para disfrazarse. Lo mismo se puede afirmar de “Biografía de Tadeo Isidoro Cruz” que toma de nuevo a Martí Fierro y sus historias de cuchillos. Con una apenas burda descripción de las líneas generales de los dos cuentos he encontrado la primera condición, señalada por Piglia, de la obra borgeana. La otra, la que afirma que los textos trascienden, en este caso, el mote “literatura gauchesca” para ilustrar ideas universales y elevadas exige una revisión bastante más minuciosa, si no detallada.

Los protagonistas de “El fin” son el negro sin nombre que ha de matar a Fierro y éste. En el texto quedan patentes la buena palabra de estas figuras representativas de los gauchos y el periodo en que Fierro intenta abandonar la senda del “gaucho malo”, y con ella, la vida regida por la violencia. Hay un tercero, Recabarren, que será la mirada del lector. Las descripciones intercaladas de la llanura permiten a Borges valerse del naturalismo –sin parodia ni devoción– para introducir a su personaje: “La llanura, bajo el último sol, era casi abstracta, como vista en un sueño. Un punto se agitó en el horizonte y creció hasta ser un jinete, que venía, o parecía venir, a la casa”.[3] Todo el cuento es u juego de enfoques que van desde la visión de Recabarren hasta la acción protagonizada por Fierro y el melancólico negro, y de regreso. A Borges le interesa contar la muerte de Fierro, pero Recabarren es indispensable porque es quien confronta al lector con el medio y quien, con su espectación casi indiferente, nos ayuda a entender la escena sin patetismo ni asombro de turista. Con todo, el tono del texto es grave y así como éste engarza nuestro mundo con el de la llanura, con la última frase nos proyecta hacia los temas universales, los temas de la gran literatura de Occidente: “Cumplida su tarea de justiciero [del negro], ahora era nadie. Mejor dicho era el otro: no tenía destino sobre la tierra y había matado a un hombre”.[4] Sobrio, sin tremendismo, pero calculando el justo peso del tema del otro, del usurpador y de la condena bíblica para quien mate mediante espada, el cuento hace del negro un símbolo que supera la anécdota principal y que supera la Pampa; esta historia, después de todo, pudo pasar en cualquier parte: en los libros.

Otro cuento en que Borges se vale de Fierro es “Biografía…”. Como “El fin”, este cuento es ágil y de pocas páginas; su anécdota sucede en la misma llanura, pero aquí se abandona el tono naturalista para valerse de uno entre profético y ensayístico. Son dos convenciones literarias más que desde el principio inclinan el cuento hacia la universalidad. Otra convención formal está presente desde el título, aunque sólo de nombre, y funciona por ausencia: la biografía literaria. Evidentemente, “Biografía…” es un cuento que ensaya; su objetivo parece ser el de reducir el destino de los hombres a un solo hecho, aquél en que cada individuo tiene plena conciencia de su identidad, de su sentido entre los otros: “Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en que el hombre sabe para siempre quién es”.[5] Justo como en “El fin” la atención va de la mirada de Recabarren a la de los protagonistas, en “Biografía…” se intercala el discurso del narrador entre sus reflexiones y la anécdota contada; mas el lector no debe dejarse engañar: si el cuento quisiera sólo desarrollar una idea sobre el destino del hombre, sería ensayo. Borges ha contado la pesadilla y muerte del padre de Tadeo Isidoro con el fin de dramatizar la idea e insinuar una estrecha relación intertextual entre este cuento y otros de Borges, de Argentina, de Occidente. Con “El fin”, “Biografía…” comparte la mezcla de los personajes hacia el final: al matar a fierro, el negro se convierte en él; Cruz, al salvarlo: “Comprendió que un destino no es mejor que otro, pero que todo hombre debe acatar el que lleva adentro. […] Comprendió que el otro era él”.[6] Análogo al negro y a Cruz, Borges hace lo propio al usurpar el lugar de José Hernández, al reconocer en ambos destinos uno solo: el del escritor; y al reconocer en sus respectivos trabajos –sumados a los de todos–, uno solo: la misma obra, el mismo gran libro.Piglia ha dicho que Borges cierra la literatura del siglo xix.[7] Quizá en respuesta Borges diría que sí, como cierra y abre todas las demás. Ni en Argentina ni en Occidente se lee ya sin Borges. No pretendo sumar un cumplido, sino señalar que la acentuada intención de Borges por extenderse, mediante la recurrida imagen del micro y macrocosmos, mediante su explícita intertextualidad, le permite ahora embonar prácticamente en todo. Borges toma un poco de varios géneros, de varias convenciones literarias, para mezclar y superar los límites del cuento, del ensayo, de la poesía. Así lo demuestran al menos “El fin” y “Biografía…”, incluso tras una mínima, apresurada, relectura.

[1] Jorge Luis Borges, El Aleph, en Obras completas, tomo 1, Emecé, Buenos Aires, p. 561.

[2] Ver Ricardo Piglia, “Tesis sobre el cuento”, en su libro Formas breves, Anagrama, Barcelona.

[3] J. L. Borges, Ficciones, en Obras completas, tomo 1, Emecé, Buenos Aires, p. 518.

[4] Obra citada, p. 520.

[5] Obra citada, p. 562.

[6] Obra citada, p. 562.

[7] En su novela Respiración artificial, Anagrama, Barcelona, (primera edición de 1980) 2000. Después en “Sobre Borges”, en su libro Crítica y ficción, Anagrama, Barcelona, 2001.

2 thoughts on “Nota sobre dos cuentos de Borges: “El fin” y “Biografía de Tadeo Isidoro Cruz (1829-1874)”

  1. Interesante tu método de ensayar ensayos: deslizándote de una hipótesis a otra. Una pregunta: cuando Piglia habla sobre “las dos historias” del cuento, ¿también considera la intertextualidad? En ese caso, con los cuentos de Borges se queda corta esa teoría. En “El fin”, además de la historia externa de Martín Fierro hay dos, internas: el duelo de esta tarde (la historia evidente), y el de hace siete años, cuando el negro “andaba ganoso de llegar al segundo” (la historia oculta).Por otra parte, el hecho de que Borges llame “Biografía” a la historia de una noche, no debería extrañarle a alguien que ha leído novelas que se consideran “Crónicas de un instante”. Saludos.

  2. Estimado Sergio:Te felicito por tu blog, lo encuentro sumamente interesante. Soy un apasionado lector de Borges, y sobre estos dos cuentos que tu analizas tengo dos comentarios:1) El primero es una pregunta, si tu me la sabes reponder:En el epígrafe de Biografía de Tadeo Isidoro Cruz, Borges escribe:"I am looking for the face I had before world was made", y atribuye este al poema The winding stair de Yeats, sin embargo es del poema Before the world was made del mismo autor. Extraño no? error de imprenta o error de Borges?2) Lo otro, es una imagen de El Fin que me conmueve y quiero compartir:"Hay una hora en la tarde en que la llanura esta por decir algo; nunca lo dice o talvez lo dice infinitamente y no lo entendemos, o lo entendemos pero es intraducible, como una música…"Borges un maestro!!Nuevamente felicitaciones por tu blog, te saluda RALLCH.

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