Para no enterarme

Para no enterarme o al menos fingir que no me entero y no hablar de lo que está a la vista y urge y duele, abro al azar un libro de Macedonio Fernández y hallo el siguiente comienzo: “Se ve a un hombre haciendo su vida cotidiana de la mañana en un recinto cerrado”. La oración no puede ser más esperanzadora, en relación y aun oposición con otros textos de Macedonio que conozco: el personaje no tiene nombre todavía pero ya se le ve. Goza o padece—o ambas alternativamente—una vida cotidiana que en el presente perpetuo del texto sólo continúa, como sin darse nadie cuenta y, para mayor tranquilidad, esto sucede en un recinto cerrado, es decir, donde no hay manera de que el simplón escape. La mañana, por serlo, me produce cierta calma, casi un bostezo, desamodorrándome. Por fin un texto de Macedonio que inicia como manda la santa narración. Para mayor consuelo, se ofrece enseguida el nombre del personaje, un poco raro, he de decirlo: “Es el herrero Cósimo Schmitz, aquél a quien en célebre sesión quirúrgica ante inmenso público le fue extirpado el sentido de futuridad, dejándosele prudencialmente, es cierto (como se hace ahora en la extirpación de las amígdalas, luego de reiteradamente observada la nocividad de la extirpación total), un resto de perceptividad del futuro para una anticipación de ocho minutos”.

Ni hablar, Macedonio lo hizo de nuevo.

Recuerdo ya el texto, “Cirugía psíquica de extirpación”, uno de los más representativos de su autor. En él se alude a la historia de un hombre que tras supuestamente asesinar a su familia solicita se le extirpe el pasado, para vivir sin culpa. Mas tal sino eliminado es también artificial, pues el anodino Cósimo Schmitz había querido, para ganar satisfacción de sí, la inserción en su memoria de un pasado brutal, de pendenciero y asesino, y anular de ese modo su real insignificancia. Encerrado ya por el crimen supuesto y jamás cometido, se le borró también la poca conciencia posible del futuro, de modo que viviera tranquilo a la espera de su ejecución en la silla eléctrica. Pero este breve argumento, traído aquí de los pelos, no parece muy sugestivo. Algo se ha perdido. El secreto está en el verbo “alude” que he antepuesto. “Cirugía…” no narra esa historia, sino apenas la alude, como accidentalmente, para concentrarse en el margen de la historia, en la relación atormentada del propio Macedonio con el lector, mediante la página, y en cómo esta relación es metáfora de la del sujeto con la realidad.

En qué consiste esta relación. En pocas palabras (y podría hacer aquí una digresión enorme a propósito de esta fórmula retórica), consiste en la elusión permanente y fatal de la realidad, o para decirlo más generalmente, en la imposibilidad de conciliar una conciencia subjetiva con un objeto. Pero esto es demasiado general y podría llevarme a especular inútilmente sobre filosofías enojosas. Octavio Paz lo ha dicho mejor, creo, a propósito de la experiencia estética—cito de memoria, con lo cual no quisiera demostrar pedantería sino pereza–: “No es el árbol ni es la cosa, sino la dialéctica entre ambos”—objeto de esta breve serie.

La descentralización del sentido a que se refiere Paz y que multiplica las vías de escritura permite a un autor como Macedonio escribir libros ilegibles en los que el sacro argumento da lo mismo aun siendo imprescindible. Sólo así pueden palidecer las páginas de la acusada “primera novela buena” ante los cincuenta y tantos prólogos que componen realmente Museo de la novela de la Eterna. Sólo así el autor se ausenta de Papeles de Recienvenido sin que apenas se note o así se interrumpen los textos para que el lector, animoso, increpe de a poco al imposible Macedonio (ya Unamuno hacía algo similar con sus personajes en Niebla). La intención del viejo amigo de los Borges no es literaria, siéndolo en última instancia. Atentos: dije aquí “literaria” con no poca ironía: la intención de Macedonio, vuelvo, no se atiene a lo que por literatura entendemos, sino a lo que el viejo reconstruyó. Su discurso arremete contra formas comunes del arte pero, en última instancia, se revela crítica de la realidad.

Aguillón-Mata

[Sigue]

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