Ser totalmente macedoniano

[Continuación de]
—Je voudrais savoir comment m´approcher d´un texte.
Comment, émotion écartée, reconaître qu´il relève de la littérature.
Ne pas me fier à mon émotion.
Me fier à mon esprit d´analyse. Est-ce possible ?
—Ah ! c´est très français cette idée d´avoir une conscience littéraire !
-Georges Charbonnier entrevista a Jorge Luis Borges


Ser totalmente macedoniano es ser en la literatura más que en la realidad o, mejor: es privilegiar la realidad literaria sobre la realidad sensible, de acuerdo con Ricardo Piglia. Él mismo ha dicho que a veces Macedonio se le impone como si fuera la misma literatura Argentina (video: 234 y 5). Sin embargo, la máquina de contar historias en que se basa esa novela de Piglia sobre Macedonio, La ciudad ausente, no es ajena a los escritores que he ido mencionando: La invención de MorelRayuela y “El Aleph” representan mecanismos que relatan interminablemente, mezclan y acumulan con codicia historias, tantas historias—o tantas incontables mezclas y remixes de una historia base—que el resultado no se concentra en ellas, sino en el proceso mismo de contar, en la máquina. Sólo por esta razón es posible que el mismo Cortázar, ese narrador eficaz que vuelve imprescindible cada detalle con palabras casuales—el juicio es de Borges—, lamenta en “Diario de un cuento”: “cuando ya no puedo hacer otra cosa que empezar un cuento como quisiera empezar éste, justamente entonces me gustaría ser Adolfo Bioy Casares”. Ya puedo admitir que estas líneas caóticas perseguían al cabo—y al menos, diré en mi descargo— cierta unidad temática: hablan de ciertos cruces críticos y personales entre cuatro escritores argentinos que el mundo ha encumbrado como universales. Cada uno tenía una opinión muy diferente del otro, y tales opiniones han sido siempre tan subjetivas como, si no objetivas—como han negado Antonio Alatorre y Tomás Segovia—sí objetivistas. Esto quiere decir que cada intervención crítica es única, por ser personal, pero que está determinada por el objeto criticado, pues se trata de crítica seria, de valor. De aquí se desprende otra cualidad definitoria de la crítica: es múltiple. Señalé además que la literatura de Macedonio termina por ser crítica del mundo; ¿no es éste el caso también de Cortázar, de Bioy, de Borges? Y aún más, el sentido múltiple de las sentencias y calificaciones borgesianas, ya ejemplificado con sus pocas palabras para Macedonio y Cortázar, ¿no es en sí literatura? La carta íntima pero pública de Cortázar a Felisberto Hernández y “Diario de un cuento”, ¿no funden en su interior crítica con literatura? ¿Y el estilo que Bioy y Macedonio cuidaban aun en textos personales y en sus especulaciones ensayísticas, en sus anécdotas y diarios, en su correspondencia? Hay en todo esto otra enseñanza: lejos de la obsesión por tener una conciencia literaria que Borges, francófobo, atribuye con sorna a los franceses y yo simplemente al esnobismo universal, la mejor crítica se revela necesariamente literatura. Y viceversa. Mi previa pereza y posterior culpa quieren estar de acuerdo con esta conclusión: mientras distraje al lector con anécdotas baladíes sobre escritores, corrí a mi librero para confirmar la supuesta cita de Octavio Paz, supuesta porque no existe, no al menos como yo la arrojé en el primer post a las distracciones de quien lee. Algo dije sobre la experiencia estética, y el árbol y el sujeto; la construcción de Paz dice que “la sabiduría no está ni en la fijeza ni en el cambio, sino en la dialéctica entre ellos”. No estética, sino sabiduría pero, dicho todo lo anterior, cuál es la diferencia.

Aguillón-Mata

One thought on “Ser totalmente macedoniano

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