4. Sobre una idea de “Verdad” de Macedonio Fernández

[Continuación de]

El ejemplo de “Cirugía psíquica de extirpación”

4. En el libro capital de Macedonio, según Germán García, “la Eterna produce una violencia muy extraña, ‘extirpa el futuro’ (puesto que por ella no hay tiempo)”.[1] Esta capacidad de la Eterna revela una obsesión en su autor. Revela también la relación entre Museo y “Cirugía psíquica de extirpación”: en ambos se intenta reducir todo al “presente”; ampliarlo a la eternidad. “Cirugía psíquica de extirpación es un texto que anuncia todas las variantes de la escritura de Macedonio: definiciones sobre el arte, humor, reflexiones sobre la escritura, escaramuzas y confesiones”;[2] es, a la par de Museo, uno de los más representativos de las intenciones macedonianas más logradas. “Cirugía” es un texto engañoso, como casi toda la obra de Macedonio, y autoconsciente. Ya se ha visto que en él está manifiesto uno de los principales objetivos de Museo; específicamente: la autorreferencia, la mezcla de ficción con reflexión, los diferentes niveles entre personajes, narradores, lectores aludidos, la propuesta de lectura salteada, el humor, la metafísica. Una teoría y una práctica, sin contradicción, de la belarte. Pero también una teoría, una moral de la vida y la afirmación de una verdad, como se verá. La forma es caprichosa e inasible; ignora cualquier narrativa convencional y, diré, discursiva. Porque no hay linealidad ni causalidad; todo orden lógico posible es aniquilado con los cambios de voz y, sobre todo, con la estructura del texto.

La composición consta de siete fragmentos sin numeración, divididos por una línea en blanco y seis notas a pie de página. Fragmentos y notas tienen sus propias divisiones, más comunes, de párrafos. En general, los siete fragmentos del texto parecen concentrarse en la anécdota ficticia; las notas, a la reflexión sobre la escritura –en general (toda literatura, todo acto de contar) y en particular (“Cirugía”). Pero, una vez que se ha observado con mayor atención el texto, el orden no resulta tan claro. Las reflexiones escapan a las notas, que también exceden sus facultades ordinarias. Así, el fragmento tres (ya se dijo que no están numerados, pero yo los numero para mayor precisión) comienza: “A mí, que lo cuento, me enternece contemplar el dulce y menudo vivir la mañana del pobre Cósimo Schmitz” (p. 80),[3] y a mitad del fragmento cuatro se lee: “Informo de paso –dato útil para el lector– que el doctor Desfuturante tiene esperanza de perfeccionar la operatividad psicoextirpativa”, y más adelante: “Dejo la pluma al lector para que escriba para sí lo que yo no sabré describir” (pp. 81-82).

A continuación intento describir el texto, pese a su carácter fragmentario y salteado: Cósimo Schmitz adoptó el pasado de otra persona para tener la ilusión de haber vivido algo más que rutina; este “otra persona” asesinó a toda su familia. Atemorizado por su propio sino y por el castigo que, él pensaba, debía venir, buscó quien le extirpara ese pasado, sin éxito. El doctor Desfuturante, sin embargo, consiguió despojar a Cósimo de su “sentido de futuridad”, aminorándole la natural capacidad de prevención al leve rango de ocho minutos. Incapaz de imaginar su castigo, Cósimo perdió también el miedo –y la esperanza. Tras presumir del crimen ajeno, fue arrestado y condenado a muerte. Un día habitual en su celda tres guardias irrumpieron para llevarlo al lugar en que sería ejecutado. Cósimo no podía saber a dónde lo llevaban sino hasta ocho minutos antes de su fin. Murió electrocutado en la silla, sin sufrimiento gracias a su presente perpetuo. Pero el texto de Macedonio no tiene el mayor interés en la anécdota, variación lejana del tema de Fausto.[4]Lo que narra “Cirugía” es también, y principalmente, la empresa del que cuenta la historia, quizá Macedonio Fernández, aunque no el Macedonio persona, como se sabe.

Aguillón-Mata

[Sigue]

[1] Loc. cit.

[2] García, obra citada, p. 115.

[3] Se cita del libro Manera de una psique sin cuerpo, ed. Tomás Guido Lavalle, Tusquets, Barcelona, 2004. En adelante sólo se indicarán las páginas entre paréntesis, siempre que se trate de “Cirugía”.

[4] Como texto paralelo, recuerdo aquí “Historia del hombre que se hizo sabio”, de Victoriano Salado Álvarez (1867-1931). En él se narra una suerte de “cirugía psíquica de donación”, que varía –con mucha más claridad que la anécdota de Macedonio, debo decir– un poco el Fausto y otro tanto el Frankenstein. La coincidencia anecdótica, sin embargo, no basta para hacer una relación entre los contemporáneos Victoriano Salado y Macedonio Fernández, pues aquél está interesado, al contrario del argentino, en narrar algo que no es el acto mismo de narrar –o de no hacerlo–. Ver Victoriano Salado Álvarez, De Actos, cuentos y sucedidos, pról. de José López Portillo y Rojas, Impresora J. R. García y Hno., Guadalajara, 1901.

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