Teju Cole: Restitución

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1. En El Crimen Perfecto (1995), Jean Baudrillard declara que la desgracia del siglo xxi consiste en “la ausencia de las cosas en sí mismas”. Meras ilusiones, añade, definen el mundo real, insignificante. Ya antes había dicho que desde el fin de la bonanza de la modernidad, durante la cual las revoluciones occidentales—lo mismo políticas que sociales—explotaron, el género humano se encuentra resentido por una resaca que, mediante un nuevo esquema de valor llamado fractal—o radial, o viral—, pierde todo punto de referencia para valorar el mundo, con lo cual los juicios irradian en todas direcciones, sin concierto. En La Transparencia del Mal (1993), Baudrillard se refiere a este presente—sólo exacerbado tras su muerte en Marzo de 2007—como el momento “después de la orgía”. Atiborrado de sexualidad, de política, de estética, el discurso contemporáneo carece de sexualidad, política o estética en sí mismas: “El sexo no se encuentra más en el sexo mismo, sino en otro lado—en cualquier otro lado, de hecho” (1993, p. 9). Lo mismo corresponde al resto de las cosas eminentemente humanas, que mediante hiperrealización devinieron transrealización.

Podemos observar las síntomas de esta circunstancia en cada rincón de la vida ordinaria. Las economías nacionales se sustentan en créditos, a su vez otorgados con base en especulaciones; el valor estético es caprichoso al grado de que, tras desenmascarar al impostor, éste puede argumentar intención artística en su falsedad; la sexualidad se desarrolla con más vitalidad en línea que a quemarropa; en fin, no hallamos las cosas en sí mismas—ni por lo tanto a nosotros.

2. Si todo lo humano padece esta metástasis de hipertrofia, el lenguaje, realización humana mayor, no puede permanecer inmune. Diez años atrás, yo mismo encabecé combates pírricos contra el empobrecimiento del español de mis estudiantes; hoy he aprendido a ignorar ortografías voluntariosamente tumorosas, trasposiciones de números por letras, hyperlinks y hash tags con trending topics—ni hablar de anglicismos provenientes de la red. Abogar por la limpieza del lenguaje “después de la orgía” no sólo parece rancio y pedante, sino casi irracional. Nuestros lenguajes son ahora translenguajes, en la medida que apelan también a la máquina, a la prótesis, al vacío—que nos responde. Pero la máquina y la prótesis se comunican también entre sí, por lo que hay que tolerar ausencia de tildes, códigos de teléfono móvil, caracteres desperdigados seguidos del “.com” de rigor. Tal es el crimen perfecto señalado por Baudrillard, el crimen irresoluble porque no hay tal en sí, no hay las cosas en las cosas, sino quistes crecientes.

3. Y si bien el retorno al mundo de la orgía es imposible—y muy probablemente indeseable—, hay la obligación de restituir sentido a las cosas del género humano. Palabras a las palabras, historia a la historia, tragedia a la tragedia. Entre todo lo demás. En esto pienso al encontrarme con un pasaje de Open City (2012), de Teju Cole, en el que el protagonista Julius charla con una paciente de ascendencia Nativo Americana; la charla se ensombrece con la lucha de la paciente por lograr reconocimiento histórico del exterminio de su gente en Nueva York, hace casi cuatrocientos años: “No está bien que la gente no esté aterrorizada por esto, porque esto es algo aterrorizante que le sucedió a una población vasta. Y no está en el pasado, está aquí, con nosotros, hoy” (2012, p. 27). ¿Cómo es que el hecho permanece en el presente? Justo porque no se le concede lugar en el pasado, mediante reconocimiento histórico.

La invocación del hecho permite descansar al hecho, como con las almas en pena. “Al hecho”, entiéndase, en nosotros. Sin invocación, el hecho persigue la injusticia—o al menos negligencia—que reside en no poner historia en la Historia.

4. Más allá de nuestro control o de nuestra voluntad, la tragedia pasa. Tal es precisamente el elemento definitorio de la tragedia: pasa a pesar de nuestro control, a pesar de nuestra voluntad y—acaso—mérito. Al inicio de estas notas me he referido—siguiendo a Baudrillard—a la desgracia del siglo xxi. Mucho más grotesca que muchas tragedias, nuestra circunstancia no ha sucedido pese a nosotros, sino debido a nosotros. No es, en otras palabras, trágica.

5. ¿No es Twitter la más hipertrofiada metástasis de lenguajes tumorosos? Ignoro si hay registro de la opinión de Baudrillard sobre Twitter, inaugurado ocho meses antes de la muerte del filósofo, pero dudo mucho que aun Baudrillard previera las posibilidades de la plataforma para sí—y para nosotros. No me detendré a describir mis encuentros y desencuentros con el sitio: no deben de ser muy distintos de cualesquiera otros. Mas precisamente porque los entuertos de los micro-blogs nos son familiares, la peculiaridad con que Teju Cole procura la restitución del sentido a las palabras, del nombre a las historias y de la humanidad al lenguaje, mediante Twitter, debe bastar para el asombro.

El novelista Nigeriano-Americano llama sus tuits small fates—destinos breves. En ellos describe el sino a menudo fatal de individuos olvidados que en su tiempo participaron del dudoso honor de compartir desgracias con la prensa. Pero Cole procura estas narraciones bajo las restricciones físicas de Twitter, que no permite más de 140 caracteres, vueltas estéticas—bajo el marco perfecto de las famosas premisas de Roland Barthes: “el régimen del sentido es el de la libertad vigilada”, y de Baltasar Gracián: “Lo bueno, si breve, dos veces bueno”.

En palabras de Cole, se trata de “una forma de escritura para la cual no hay término exacto en inglés: fait divers. Esta es una expresión francesa, de uso común durante siglos, para referir cierto tipo de pieza periodística: un reporte comprimido de un hecho inusual. Lo que fait divers significa literalmente es ‘incidentes’ o ‘misceláneas’. El equivalente inglés más cercano es ‘news briefs’ (‘breves nuevas’) o, más recientemente, ‘news of the weird’ (‘noticias de los extraño’). Los fait divers tienen una historia luenga e importante en literatura francesa. Aunque sensacionalistas, han influenciado la escritura de Flaubert, Gide, Camus, Le Clézio y Barthes. En literatura francófona, rompió la línea entre la cultura baja y la alta” (versión original en Berfrois).

Una manera de restituir tragedia a la simple desgracia humana, y de contener la hipertrofia del lenguaje, prevista por Baudrillard y exacerbada por Twitter—aunque sea sólo en uno de sus canales.

Abril, 2012

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